martes, 12 de julio de 2016

Narrativa de Maria Haydee Rey

La escritora de la Provincia de Mendoza Maria Haydee Rey ganó el segundo Premio en Narrativa del Premio Literario Nacional "Letras y Poetas" en esta publicación compartimos con nuestros lectores el texto premiado.
Loreen y Stefan una historia de amor.


Una débil luz se distingue, lentamente me acerco. Cada vez se hace más visible que ese vislumbre, es el destello de la llama del candil sobre el escritorio. Respiro profundamente, los cabellos rizados y castaños están cubriendo el rostro, cuyos ojos cerrados, dan la sensación de un pesado silencio.
Acaricio suavemente la cabellera larga, sedosa, cae sobre el rostro y los hombros. Pareciera dormida. Su cutis blanco, su boca exquisitamente entreabierta, denota labios semicarnosos, con la invitación sutil de un beso.
Me detengo, observo. Todos los sentimientos brotan a borbotones y se resume en el abrazo contenedor, cálido y protector. Recorro con mis labios ese rostro amado, me detengo en la comisura de los labios, exhalo el perfume de la pasión, buscando la respuesta instantánea. Sólo me responde un silencio y el frío. Poco común para la sensibilidad de Loreen, entonces mis manos buscan las de ellas, tan delicadas como suaves, cuyos dedos largos solían perderse en caricias envolventes sobre mi talle y cabeza.
No quería interrumpir sus sueños, algo inquietante surcaba el aire, llenaba el espacio.
Bajo su rostro inclinado y dormido, estaban sus manos posadas sobre el papel rústico. Algunas líneas se hacían visibles.
Tuve que acercar un poco más el candil. Quería disfrutar de los trazos finos y bien elaborados de su escritura. Letras legibles e inclinadas de manera elegante, trazaban una línea que llamó mi atención.
En su mano derecha aún estaba la pluma, autora de esos bellos trazos.
Un frío paralizante recorrió mi espalda, mientras la duda y la certeza, golpeaban cual un látigo candente.
¡No, no, exclamé! Loreen, amor, amor….traté de incorporarla, de que reaccionara, su cabeza giró por el movimiento de mis gestos, y su rostro de tersura infinita, de belleza singular, sólo me dio la certeza que ella se había marchado.
Maldecí la noche, la oscuridad y la soledad del momento.
Buscaba de algún modo despertar, porque sentía que era una pesadilla y que esa realidad era sólo la interpretación del cansancio del viaje.
Hacía un mes que me había marchado a tierras lejanas comerciando las ovejas y la lana. Golpee tantas veces mi cabeza, tratando de que el aturdimiento diera paso al despertar y sentir que ella me recibía alegremente como siempre, sentir de sus labios pronunciar ¡Stefan, estás de vuelta!
Reaccioné, cuando el dolor en la frente me hizo tomar conciencia, que estaba despierto, tan despierto que esa escena muda, hablaba con la elocuencia de la tragedia.
Paralizado por la impotencia, la ira, con mezcla de ternura adormecida, sólo busqué abrigarla, la complicidad de la noche jugaba una mala pasada. Quería conservarla, quería revivirla, al menos decirle una vez más cuánto la amaba. Quería darle los besos guardados, las caricias contenidas, llenar la ausencia de estos treinta días.
¡Cómo era la vida, que mala pasada! Un silencio impuesto, solo me llevaba a valorarla, a sentir que mi deber era cuidarla. Que tiempo necio, ni una palabra, no le llegaron mis cartas,
seguramente se sintió sola.
La tomé entre mis brazos y la llevé a la cama. Con la suavidad de un tesoro apreciado, la recosté, esperaba íntimamente que abriera los ojos. Sus cabellos rizados enmarcaban lo delicado del rostro y la tersura de su piel, la suavidad personificada, ahora sólo la destacaba esa palidez de cera blanquecina.
La luz del candil, era una compañía presencial de tanto amor y tanta tristeza.
No se cuanto tiempo pasó, recostado a su lado, reviví momentos tan intensos, tan hermosos, que todo a mi alrededor cobró vida.
Mi mente claramente reconstruía la imagen de la primera vez.
La esquila de ovejas fue el encuentro campestre primero, todos los hombres de la comarca nos reuníamos en la verde campiña, allí con la destreza y habilidad varonil, nos dedicábamos a esquilar ovejas.
Ciertamente, una competencia sana, nos distinguía en la forma de hacerlo.
Levanté la cabeza riendo, cuando ya estaba terminando la número cincuenta, y de pronto, con la distancia entre medio, el sol haciendo alarde de rayos, jugaron en su pelo. Rizos castaños y con reflejos destellando, caían sobre sus hombros. Despreocupada y alegre, sostenía en sus manos, la canasta llena de frutas. panes,  y sconnes hechos al horno.
Su cara alegre, sonrisa amplia se distinguía generosamente. El talle de su cuerpo mostraba la gracilidad de los movimientos cadenciosos y femeninos, bajo ese vestido entallado, ceñido a la cintura y largo hasta los pies. El viento jugó a mi favor, su cabello ondeante cubrió su cara, y tropezó con un piedra del camino. Presuroso corrí. Ella de rodillas ya estaba medio levantándose, cuando la tomé de la manos y le dije – soy Stefan – permítame ayudarla –
¡Ay! Cómo describir nuestras miradas. Se cruzaron, podría decir que sintonizamos. Con el gesto simultáneo de ayudarla y mientras se levantaba, quedamos frente a frente, casi a la misma altura. Seguíamos conectados – ella – con cierta timidez y algo sonrosada me dijo – Loreen – gracias por tu gesto.
Narrar de allí en adelante, los encuentros, las charlas, los momentos es abrir la puerta a su imaginación.
Construimos la casa de troncos, con los ambientes precisos, para que ese nido de amor, tuviera el espacio de dos amantes recién casados a la costumbre de la época.
Épocas difíciles y otras más generosas formaron parte de la vida diaria.
El común denominador, era que siempre juntos, siempre compañeros hasta en las diferencias.
Contrastaba mi carácter explosivo y temperamental, vehemente a causa de los ideales con su dulzura, firmeza y femeneidad.
La crisis del país, la sequía me llevó a tomar la decisión de vender el ganado ovino en otras comarcas. Era una empresa dura, el traslado y el mantenimiento de los animales hasta el lugar de venta. Una nueva aventura se abría a nuestras vidas.
Jamás imaginé que la distancia, no me permitiría vislumbrar el estado de su salud.
Su vitalidad era tan intacta para mí, que jamás hubiera imaginado este desenlace.
La oscuridad se retira suavemente dando paso a la claridad del alba. Se disipan las sombras, el viejo candil, ha cumplido su misión, la cera derretida caprichosamente, aún muestra la leve llama del pabilo. Justo a tiempo para que vuelva a verla con la belleza intacta. Con la rigidez de la muerte blanca. Mi corazón se oprimió nuevamente, sofocado busqué respirar, mis paso torpes me llevaron al borde del escritorio. Y allí…, allí estaba su carta,  papel rústico amarillo, letras inclinadas, pluma, tinta, alma.
Me senté, tomé la carta entre mis manos, mis ojos aún no podían distinguir, los nublaba las lágrimas. Un momento espiritual de intimidad, me hizo sentir su mano en la espalda. Era ella, era mi Loreen en esencia, mi mente elaboraba esa presencia, que nadie podría ver. Me dediqué a sentir, a extrañarla, a darme cuenta lo que pasaba. Mis ojos se aclararon, y pude leer entre sollozos y lágrimas: Stefan, amado mío, amanecí feliz, sabiéndote lejos y cerca a la vez, lo bueno es que falta poco para verte regresar. Solamente me preocupa el dolor que tengo en mi pecho, quizás sea ansiedad, esposo mío, de tan larga espera. Días y noches contados como cuentas de rosario, esperando verte para compartir esta casa. Demás está decirte todo lo que te extrañé y me llamó  la atención no haber recibido carta tuya. Seguramente algo impidió que así lo hicieras.
Qué raro, nuevamente el dolor interrumpe mi escritura, que se hace lenta.
Esposo mío, algo ocurre, tengo la certeza de encontrarme nuevamente contigo, pero de otra manera. El dolor agudo ya casi no me permite escribir, solo puedo aclararte que viene a mi mente el primer día en que nos conocimos. Cierro mis ojos y siento tu amor. Te hago un pacto y una promesa. Cuando llegues y si me encuentras dormida, llévame a nuestra cama, recuéstate a mi lado y acaríciame el alma. Si recuerdos tienes en ese momento, será señal, que estoy presente, señalándote el inicio y el final de nuestra historia. Para comenzar otra en donde te esperaré para continuar con  el amor que nos unió. Tuya por siempre Loreen.-
Un frío invadió mi espalda, comprobé que había hecho eso sin saber lo que me había escrito.
Es evidente, nuestro amor trasciende más allá de los cuerpos.
Abrí la puerta, salí al campo, el amanecer me recibió en sus brazos. Ciclo de la vida, caprichosamente expuesta. No podía entender, sólo aceptar a medias tanta verdad amarga.
La vida sigue, la campiña se ilumina cada mañana, la extraño a horrores, camino y camino, esperando encontrarla. La realidad cachetea fuerte, salgo a esquilar ovejas como siempre, allí en el campo abierto, buscando su mirada….respiro profundo y cuando el sol acaricia mi cara, en señal de presencia, siento como siempre sus manos en mi espalda.


(seudónimo utilizado) JULIA AGUAMARINA
¡¡¡Felicitaciones Maria Haydee Rey!!!
Se estima que el 20 de Agosto se realizara en la Ciudad de Casbas la entrega de este Galardón Nacional

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